domingo, 14 de mayo de 2017

Con vistas a tu interior y al mío


Llevo un tiempo  —mucho o poco, según se mire— valorando la (casi) imprudente idea de mudarnos a un pisito con vistas a tu interior y al mío. Sería tan sencilla la convivencia… Diríamos: ¿Qué te pasa, mi amor? Y tú, o yo, o los dos a la vez: Anda, ve y mira por la ventana. Sí, eso es lo que pienso a veces cuando por más palabras que decimos no alcanzamos a entendernos. Anda, ve y mira por la ventana. Asómate y verás lo fácil que fue enamorarse de tu cuerpo, allí arriba, sobresaliendo entre todos, yo te miraba y tú… tú no sabías que yo existía. Y por eso ahora las farolas me hacen la ola y los coches me guiñan cuando regreso de una noche contigo. Insistí día tras día vigorosamente y me aferré a tus dudas hasta que por fin sucediste. Paradojas de la vida, sucediste sin suceder, estabas sin estar, me amabas sin amarme. Y mientras yo te colmaba de poemas y construía castillos en el aire, tú me tirabas de los pies y taladrabas el asfalto clavándome junto a tus miedos. Fue entonces cuando quise que nos mudásemos a un pisito con vistas a tu interior y al mío, para que pudiésemos mirar por la ventana cuando quisiéramos. Así, sobrarían las palabras, bastaría con mirar cuerpo adentro para que se disiparan todas las dudas. Así, yo ya no olvidaría leer entre líneas tus no pero sí, y tú podrías leer mis me rindo pero no.

EmeCé Bernal, Con vistas a tu interior y al mío