sábado, 18 de febrero de 2017

Gramática para escritores VIII. Se sienten ustedes y lean (Imperativo)

Resulta curioso que, sirviendo para pedir tanto como para ordenar, lo llamemos siempre imperativo y no «rogativo» o «solicitativo», por ejemplo. Incluso «amenazativo». Pero impera esa denominación. Algunos gramáticos perciben el imperativo como si fuera un modo más del verbo, no un tiempo de indicativo. Arguyen para ello que reúne características tan propias y exclusivas que no se le ven analogías con el resto de los tiempos.

He aquí las diferencias:

– Para empezar, el imperativo carece de la primera persona del singular —no tiene sentido gramatical darse órdenes uno mismo; y cuando eso resulte necesario, el espíritu idiomático del español hará que salgamos de nuestro propio yo para, desde fuera, ordenarle o pedirle algo; es decir, acudimos a la segunda persona. De este modo, alguien que se llama Nicolasa podrá decirse a sí misma: Nicolasa, estudia menos o te volverás loca.

– Para seguir, el imperativo nunca aparece en oraciones subordinadas. El imperativo funciona solo sintácticamente, sin subordinarse y sin subordinar.

– Es el único tiempo verbal que puede no terminar en vocal, -n o –s (haced, cantad; siempre en –d y excepcionalmente en –z como en el caso de los verbos hacer, rehacer o deshacer: haz, rehaz). Este uso es exclusivo del español peninsular, puesto que en América y Canarias se emplea hagan, canten.

– Su valor temporal se ha limitado entre el presente y el futuro: Hazlo en este instante; Hazlo el año que viene.

¿Existe un imperativo de pasado? Tal vez sí: el que se forma con el infinitivo del verbo auxiliar haber: Haberlo hecho.

Los imperativos tienen algunas otras características singulares, aunque menos exclusivas:

«¡Se sienten!»

La primera de ellas recordará a los españoles de cierta edad una famosa frase que pronunció uno de los guardias civiles que asaltaron el Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981 con el teniente coronel Antonio Tejero a la cabeza, en un intento de golpe de Estado que no prosperó. El guardia entró en plan chulesco y pegando tiros al aire dijo a los diputados: ¡Se sienten, coño! Asaltar el Congreso, intentar un golpe de Estado, dirigirse así a los representantes del pueblo… todo ello constituye por sí solo una muestra de estupidez, a la que encima se añadió una incorrección gramatical —las incorreciones gramaticales nunca presagian nada bueno—.

Los imperativos, como les sucede a los gerundios que veremos en la siguiente entrada, solo pueden llevar los pronombres enclíticos: quédate, vete, aclárate… Y, por supuesto, ¡siéntense, coño! —que no es muy educado decir algo así, pero totalmente correcto desde el punto de vista gramatical, y aquí estamos para aprender gramática, no normas de conducta—. Cometió ese error aquel guardia civil, pero, dada su incompetencia lingüística, podía haber cometido otro: «Sentarse, coño!», o «Sentaros, coño». Porque a menudo se emplea el infinitivo donde corresponde un imperativo: «¡Trabajar!» (en vez de trabajad), «Venir a por mí si me ahogo» (en vez de venid).

Esa –d final se mantiene unas veces pero otras no: Veníos a mi casa, Idos de una vez, Daos prisa. El enclítico –os obliga a que la –d desaparezca siempre ante vocal, salvo en idos (y ello por razones fonéticas, ya que sería molesta la forma íos).

En cambio, se da por válida la forma ¡A trabajar!, ¡A limpiar!... porque se entiende elidido el imperativo (Poneos a trabajar, Empezad a limpiar). Y no podríamos censurar tampoco la expresión imperativa de aquel guardia civil («¡Se sienten, coño!») si hubiera ido ligada a un verbo principal: ¡Les he dicho que se sienten, coño! Lo que no fue el caso.

También es incorrecto el uso, muy madrileño, de la segunda persona del imperativo del verbo ir terminada en -s. Probablemente funciona ahí la analogía de que todas las segundas personas de los verbos en español acaban en –s (excepto en el pretérito perfecto simple: cantaste, fuiste, temiste, en el que no por casualidad se comete el mismo error: «cantastes», «fuistes», «temistes»). En cualquier caso, es incorrecto el imperativo «ves» en vez de ve: «Ves a tu casa antes de que te olvides de dónde está» (incorrecto).

«No haz»

El imperativo se emplea para ordenar o pedir que se haga algo; pero no para mandar o solicitar que no se haga. Podemos decir ven pero nunca se nos ocurrirá pedir «no ven» o «no haz». En esos casos se acude (como en tantos de negación) al subjuntivo: no vengas, no hagas. Lo cual da argumentos precisamente a quienes consideran que el imperativo no es un modo en sí mismo sino un tiempo de indicativo, que tiene su correspondencia de negación en el subjuntivo. En cualquier caso, lo que nos interesa es usarlo bien, catalogarlo como modo o como tiempo del indicativo le corresponde a los gramáticos.