lunes, 2 de enero de 2017

Gramática para escritores VI. La realidad del indicativo


Es fundamental para una escritor saber cuántos modos de presente podemos emplear, qué nos aportan determinados tipos de futuro, qué pasado es apto para la descripción y cuál para la narración… En definitiva, es fundamental conocer los entresijos de los verbos para saber escoger el tiempo según lo que se quiera relatar, ya que entre los tradicionales presente, pasado y futuro hay muchos matices: tiempos intermedios, por llamarlos de alguna manera. Y eso es precisamente lo que vamos a ver en esta entrada.

Nuestra lengua dispone de una posibilidad muy interesante: dar a entender de inmediato si la acción de la que hablamos ha concluido ya o si todavía continúa. Si ha concluido, usaremos un tiempo perfecto (o perfectivo). Y si aún continúa la acción, usaremos un tiempo imperfecto (o imperfectivo).

El idioma español dispone de muchas posibilidades verbales para referir el pasado, y de muchas menos para referir el presente o el futuro. Tiene sentido ese desequilibrio, puesto que el pasado se ha producido en un orden que conocemos, al contrario de lo que sucede con el porvenir.

Os invito a recorrer los distintos tiempos verbales del modo indicativo, viajando por el túnel cronológico desde el pasado hasta el futuro, como si fuéremos las saetillas del reloj. El orden será el siguiente: pretérito pluscuamperfecto, condicional compuesto, pretérito anterior, pretérito imperfecto, pretérito perfecto simple, pretérito perfecto compuesto, presente, condicional simple, futuro compuesto, futuro simple.

Pretérito pluscuamperfecto o antecopretérito (había escrito):

Es el verbo más lejano que podemos imaginar en el tiempo. Está situado en el tiempo un poco antes que el condicional compuesto y que el pretérito anterior. El pluscuamperfecto es el más que acabado en terminología gramatical: plus-quam-perfecto. Se considera más que acabado porque su acción ocurre antes que la de cualquier otro verbo perfecto con el que vaya relacionada. Por ello necesita la referencia —expresa o implícita— de una segunda acción verbal: Tú habías nacido cuando ocurrió eso. El pluscuamperfecto se usa para describir un hecho que sucedió en un pasado no inmediatamente anterior al momento de la narración principal, ya sean horas, días, meses o años atrás: La noche anterior había salido del cine a las dos de la mañana, por lo que se había acostado tarde y había dormido muy poco. Vemos que esas tres acciones que realiza nuestro personaje son previas al momento de levantarse, pero no son inmediatamente anteriores. Asimismo, a menudo se usa el pluscuamperfecto acompañado del adverbio de tiempo ya, un tanto superfluo porque va implícito en el propio pretérito pluscuamperfecto: Tú ya habías nacido cuando ocurrió eso. Sin embargo, puede considerarse que añade valor expresivo.

Condicional compuesto o potencial compuesto o antepospretérito o antefuturo hipotético (habría escrito):

La segunda acción más remota que podemos imaginar en el pasado nos la trae este tiempo de indicativo. Y tan remota es que ni siquiera se realiza la acción, sino que se trata de una posibilidad no concretada; una potencialidad que no se hace real: Habría venido si no me hubiera caído por el barranco. El condicional compuesto se puede presentar en un momento posterior al pretérito pluscuamperfecto (el precedente en el reloj gramatical): Habría ido a tu conferencia, pero ya había empezado el concierto en el que estaba. La forma había empezado retrata un tiempo anterior al momento en que el sujeto tuvo la oportunidad de ir a la conferencia. No obstante, el condicional compuesto abarca un espacio temporal amplísimo, puede adelantarse o retrasarse en relación con otros tiempos y hasta se acerca al presente en determinados casos: Habría ido a tu conferencia, pero estoy en la playa. Mejor me envías el vídeo. El condicional compuesto es empleado de manera errónea a menudo por los medios de comunicación. Así, se pueden leer oraciones incorrectas como «El ministro habría aprobado el proyecto ayer». En español, esa frase significa que el ministro no aprobó el proyecto ayer. El ministro habría aprobado el proyecto ayer… si hubiera podido (luego no lo hizo).

Pretérito anterior o antepretérito (hube escrito):

Se llama así porque es anterior a otra acción verbal, lo mismo que sucede con el pluscuamperfecto. Sin embargo, aquí consideramos la acción como inmediatamente anterior al verbo de referencia. Entre el pretérito pluscuamperfecto y el tiempo perfecto al que acompañe aquel puede haber un margen de tiempo mayor que entre el pretérito anterior y su acción verbal de referencia. Por ejemplo: Había terminado cuando le invité a entrar / Cuando hube terminado le invité a entrar. En el primer caso, pueden haber transcurrido horas entre la acción de terminar y la de invitar a entrar. En el segundo caso, apenas unos instantes. Veamos otro ejemplo: Se lavó los dientes y preparó su mochila cuando se hubo terminado el café. Aquí vemos que la acción de terminarse el café es inmediatamente anterior a la de lavarse los dientes y preparar la mochila, por lo que el tiempo que debe usarse es el pretérito anterior. El pretérito anterior se usa poco en la lengua hablada, y resulta muy útil en la escrita; sobre todo si se desea enriquecer lo que se relata y enmarcar adecuadamente la acción temporal.

Pretérito imperfecto o copretérito (escribía):

Este verbo constituye una especie de presente del pasado; es decir, representa lo que ocurre simultáneamente con un pasado. Por tanto, lo que era presente en ese momento. El durante de la acción pretérita: Yo dormía cuando tú te caíste de la cama. Su carácter de imperfecto le da también un aire de duración mayor, a menudo solo psicológico. No es lo mismo: Sé que la profesora Lorena aprobó a los que se esforzaban que Sé que la profesora Lorena aprobaba a todos los que se esforzaban. En el primer ejemplo, sabemos que la profesora aprobó a los que se esforzaban en algún momento, pero no se nos dice cuánto tiempo duró esa actitud. En el segundo, entendemos que la profesora tenía por costumbre aprobar a los que se esforzaban. Los escritores han acudido a este tiempo con mucha frecuencia, precisamente por ese amplio espacio relativo que ocupa en nuestra mente. La sucesión de pretéritos imperfectos no resulta molesta para el oído del lector, al contrario de lo que sucedería con una profusión de pretéritos indefinidos (pretéritos perfectos simples). Veamos estas diferencias:

Crescencia engañó a sus padres, los embaucó y hasta los sometió a brujerías, pero un amigo suyo le recriminó eso, y le prohibió que lo hiciese. Sin embargo, ella siguió con su plan. Le dedicó mucho tiempo, pero por fin consiguió que sus padres creyeran que ella nunca se llamó Crescencia.

Crescencia engañaba a sus padres, los embaucaba y hasta los sometía a brujerías, pero un amigo suyo le recriminaba eso, y le prohibía que lo hiciese. Sin embargo, ella seguía con su plan. Le dedicaba mucho tiempo, pero por fin iba a conseguir que sus padres creyeran que ella se llamaba Ramona.

Al usar el pretérito imperfecto (engañaba) los hechos se presentan en el momento en que se están desarrollando, lo cual nos acerca a la narración. El pretérito indefinido (engañó), por el contrario, retrata una realidad acabada, alejada del momento en que se lee. Obviamente, el lector se siente más interesado por lo cercano que por aquello que se quedó lejos; y es tarea del buen novelista conseguir que quien lea sus textos los sienta próximos.

El pretérito imperfecto se usa también en fórmulas de cortesía, a fin de evitar un presente que puede sonar, precisamente, descortés: Quería dos helados de vainilla. Esa forma suena más suave porque condiciona nuestra voluntad a la de quien nos escucha.

Se usa este tiempo verbal, asimismo, cuando la realidad hace que nos topemos con una previsión equivocada: El cónyuge sorprendido le dijo a su pareja: «No venías mañana de Londres?». En este caso, el cónyuge percibe que el futuro ya no es como era, y por eso se refiere a lo que era con un pretérito imperfecto.

Y ya que estamos con el imperfecto, en los juegos en que los niños adoptan distintos papeles, suelen repartírselos en pretérito imperfecto: eras el malo, que para eso has suspendido. Y yo era el bueno, que para eso son mías las pistolas. Los niños —grandes creadores de formas gramaticales lógicas— interpretan así que desempeñan un personaje irreal: si no forma parte de la realidad, no forma parte del presente.

Vamos a terminar con el pretérito imperfecto aclarando cómo NO debes usarlo. En el lenguaje descuidado, el pretérito imperfecto ocupa a veces el lugar del verbo que corresponde a la segunda parte de una oración condicional: «Me gusta la catedral de Burgos. Si tuviera dinero, me la compraba». Aquí el imperfecto reemplaza al condicional me la compraría. Si alguien quiere hacerse rico escribiendo para comprar la catedral de Burgos, más vale que corrija este error.

Pretérito indefinido o pretérito o pretérito perfecto simple (escribí):   

El pretérito indefinido no se moja mucho. Nos cuenta que algo ha sucedido en algún momento del pasado, sin darnos más referencias. Sucedió, y punto. Y si alguna vez tenemos ese marco más preciso, ello se deberá a los imperfectos que lo acompañen: Se me cayó un diente cuando estaba silbando. El pretérito perfecto simple indica menos proximidad del suceso que el pretérito perfecto compuesto: He saludado a mi profesor (compuesto: denota que desde que lo vi hasta cuando lo digo ha pasado poco tiempo); Vi a mi profesor (simple, denota que desde que lo vi hasta cuando lo digo puede haber pasado mucho tiempo). El pasado puntual y acabado que expresa el pretérito perfecto simple es el tiempo histórico por excelencia, como dice el lingüista Émile Benveniste: «Hace objetivo lo sucedido alejándolo del presente». Su utilización otorga vivacidad al texto.

Comparemos también el pretérito perfecto simple con el pretérito imperfecto (explicado anteriormente). El perfecto simple es para la acción; el imperfecto, para la descripción. Veamos cómo el pretérito perfecto simple produce una narración contundente y facilita el manejo de la tensión: Subió la escalera. Encendió la luz. Cerró las ventanas. Encendió la calefacción. Se desvistió. Apagó la luz. Se metió en la cama. Percibió un fuerte aire helado. Se asustó. Mientras que en el segundo caso, el pretérito imperfecto, más descriptivo, nos facilita la distensión, y así se comprueba el carácter más relativo, más durativo, menos contundente del imperfecto: Subía la escalera. Encendía la luz. Cerraba las ventanas. Encendía la calefacción. Se desvestía. Apagaba la luz. Se metía en la cama. Percibía un fuerte aire helado. Se asustaba.

Para la narración en pasado puntual hemos dicho, entonces, que se emplea el pretérito perfecto simple (escribí), que es el tiempo verbal que cuenta los hechos que ocurren (las acciones). Por ejemplo: Se despertó tarde y miró por la ventana y tomó un café solo. Ahora bien, si queremos describir algo que ocurre mientras nuestro personaje realiza todas esas acciones, entonces usaremos el pretérito imperfecto (escribía). Es decir, el pretérito imperfecto se usa para expresar acciones del pasado que coinciden en el tiempo con la acción que se desarrolla en la narración: Miró por la ventana. El viento agitaba los árboles y se llevaba las hojas del suelo formando remolinos.

Pretérito perfecto compuesto o pretérito perfecto o antepresente (he escrito):   

El pretérito perfecto simple (o indefinido) se diferencia del pretérito perfecto compuesto en que solo emplea una palabra (escribí frente a he escrito), sin necesidad de verbo auxiliar.

La acción del pretérito perfecto compuesto (o antepresente) se halla más cercana del presente que ninguna de las representadas por otros pasados. No obstante, el pretérito perfecto compuesto es capaz de ir también hasta los orígenes del universo, si le parece necesario (La Tierra ha cambiado mucho en os últimos cinco millones de años). La acción referida comenzó hace millones de años, y probablemente los últimos cambios no ocurrieron ayer, pero el hablante puede usar el pretérito perfecto compuesto porque considera que el hecho referido aún está en desarrollo, y por tanto lo siente cercano.

Presente (escribo):

Suele usarse el presente cuando se desea dar a la narración un equilibro entre lo que se está narrando, el tiempo de lo narrado y el tiempo del lector, que se ve más implicado en la acción. Tiene un matiz cinematográfico, la escena ocurre ante los ojos del lector. Existen varios presentes:

El presente presente. Es el que representa el momento en el que sucede la acción: ¿A dónde vas? Voy al hospital, porque me han dicho que allí te dan puntos… y me faltan dos para aprobar.

El presente de continuidad (o presente habitual). Es el que representa una acción que sucede ahora, pero que sucedía ayer y sucederá mañana. Es decir, una acción que abarca el pasado, el presente y el futuro. En el ejemplo anterior: porque allí dan puntos. También se emplea en los refranes y dichos, sean verdaderos o inventados: En todas partes cuecen habas. Este presente expresa asimismo nociones universales y generales —es decir, sentencias u opiniones a troche y moche—, a las que se supone válidas para cualquier momento: No es educado comer con las manos.

El presente de costumbre. Refleja un hecho que se produce con regularidad. Difiere del que hemos llamado presente de continuidad en que la acción regular es intermitente Todos los meses me quedo sin dinero el día 10. Es decir, sucede y deja de suceder, con interrupciones intermedias. Por tanto, el presente puede servir para mostrar acciones que se ejecutan en un momento y se vuelven a ejecutar después, siempre que ocurran con regularidad. Eso lo desconocía aquel peatón a quien un conductor pidió que le dijese si funcionaba el intermitente de su automóvil: ¿Me puede decir si funciona el intermitente? El peatón miró atentamente al vehículo y respondió: Ahora sí, ahora no; ahora sí, ahora no; ahora sí, ahora no.

El presente histórico. Sirve para acercar psicológicamente al presente una acción que sucedió hace mucho: Cervantes describe en el primer capítulo la pinta que tenía Don Quijote. Evidentemente, hace más de cuatro siglos que Cervantes describió a su personaje; pero al usar ese presente acercamos la acción al lector y ganamos efectividad en la comunicación. Lo usan mucho, obviamente, los historiadores como recursos estilístico.

El presente de conato, es decir, lo que pudo haber sido, pero no fue. Y tan a punto estuvo de suceder que lo consideramos presente: Casi me caigo de espaldas cuando vi a tu hermano en la jaula de los leones.

El presente de futuro. Se suele emplear con valor de imperativo: Te cuelgas el silbato y te vas pitando al partido. También puede tener intención de consejo, ánimo…: No te preocupes, el viernes lo arreglas. Y también de simple seguridad en que algo va a ocurrir: El mes próximo nos visita el inspector de Hacienda.

El presente durativo. Se refiere a un estado de cosas que se mantiene a través del tiempo: El libro muestra el retrato de Tolstói.

El presente con valor imperativo: Coges tus cosas y te vas.

Condicional simple o futuro hipotético (escribiría):

Abandonamos la frontera del presente para entrar en los tiempos venideros. ¿Cuál es de ellos el más próximo al tiempo presente? Entendemos que el condicional (haría, hablaría, comería), hasta el punto de que puede alternarse con él: Si vinieras a mi casa, te invitaría a comer; Si vienes a mi casa, te invito a comer. Están tan cerca uno del otro que incluso se suelen ver errores de concordancia como «Si vinieras a mi casa, te invito a comer».

El condicional expresa una acción posterior a otra acción, y la acción expresada puede ser anterior o posterior al presente real: Me dijo que vendría al estreno (y no ha venido, porque ya ha terminado la película); Me dijo que vendría al estreno (y aún le espero, porque la película todavía no ha empezado). Asimismo, el condicional ha de cumplirse si también se realiza el verbo con el que concuerda: Aprobarías si estudiases —desde el punto de vista gramatical, claro; ya sabemos que la realidad es otra cosa—.

Veamos diversas formas en que el condicional se manifiesta ante nosotros:

El condicional encadenado. El uso más frecuente del condicional consiste en asociarlo a uno imperfecto de subjuntivo: Si te mostraras amable, me harías más grata la vida.

El condicional de deseo. Este tiempo nos sirve para expresar anhelos, cuya realización condicionamos a que se den determinadas circunstancias que no solemos expresar, pero que se entienden implícitas: Ahora estaríamos aquí tú y yo, mirándonos a los ojos. Tú me pedirías un beso, y yo me resistiría hasta el final de mi resistencia.

El condicional histórico. Los escritores también han empleado este verbo para manejar la virtualidad de los tiempos, de modo que sirve como pasado posterior a un pretérito; es decir, como futuro en el pasado: El Gobierno fue elegido por una mayoría absoluta, pero años después la perdería.

Probabilidad de pasado. La forma del condicional resulta útil asimismo para expresar cálculo o posibilidad referidos al pasado: Habría unas cuarenta personas en el bar cuando se le cayeron los pantalones.

Futuro perfecto o compuesto o antefuturo (habré escrito):

Nuevamente nos hallamos aquí ante un tiempo del verbo que no tiene como referencia temporal el sujeto y el momento en que habla, sino la acción de otro verbo: Lo habré terminado para cuando lo necesites.

Representa una acción futura que es anterior a otra más futura todavía. Y por eso se trata de una acción perfecta (acabada). La segunda acción futura (que ya no es perfecta) se puede representar con un verbo en subjuntivo (pues nos adentramos en el terreno de la conjetura, lo posible, lo inseguro), y también con el futuro imperfecto como referencia: Para cuando quieras dirigir la orquesta yo ya habré robado los violines; Tú robarás los violines pero yo habré llevado unos de repuesto.

El empleo de este verbo es ideal para los usos periodísticos en que el cierre de un diario impide contar algo que no ha sucedido cuando se termina de elaborar el texto pero sí  conocerá el lector cuando llegue a sus manos el producto. Por ejemplo, si se disputa una final olímpica en otro continente y hemos de escribir algo acerca de ella (porque alguna información tenemos) pero sin conocer su resultado. Sin la certeza si quiera de si se celebró la final (que pudo haberse suspendido por el mal tiempo, por algún altercado, por la lesión de algún participante, caso de tratarse de un partido individual de tenis…). No podemos decir Se disputará la final porque el lector ya sabrá que se ha disputado; y tampoco podemos darla por celebrada, para no correr riesgos. El futuro perfecto nos ayudará mucho: Esta madrugada nuestros dos representantes habrán disputado la final de 10000 metros después de haber pasado un día tranquilo jugando al ajedrez.

Probabilidad. El futuro perfecto, como acabamos de ver con el condicional simple, alcanza también un valor de probabilidad o de cálculo que se proyecta hacia el pasado: Yendo hacia mi pueblo me torcí el pie. Habré hecho unos cuatro kilómetros a la pata coja. Y supongo que habré tardado más de dos horas.

Sorpresa. También expresa admiración en la frase hecha Habrase visto: ¡Habrase visto!, ¡ha robado 20 violines!

Futuro imperfecto o simple o futuro (escribiré):

Estamos ante un tiempo imperfecto (escribiré) porque no consideramos acabada su acción. Podría pensarse: claro, cómo va a estar acabada si se proyecta al futuro. Pero en español tenemos un futuro perfecto —del que acabamos de hablar—.

Obligación. El futuro tiene un significado de obligación o propósito: No levantarás falso testimonio ni mentirás.

Certeza. El futuro, igualmente, puede transmitir una convicción de certeza por parte de quien habla: Yo salvaré la patria.

Duda. Sin embargo, esos valores de obligación y certeza conviven con un significado de inseguridad, suposición o duda —todo un ejemplo de convivencia, desde luego—. En este caso, el verbo en futuro no indica tiempo. ¿Por qué este valor tan aparentemente contradictorio? Tal vez porque los usuarios del idioma han ido identificando psicológicamente el futuro con lo que no es seguro realmente, puesto que no se sabe con certeza siempre lo que va a ocurrir. Quizás proceda de ahí este uso: Habrá unas cincuenta casas en ese barrio.

Intensificador. El futuro sirve también para enfatizar un adjetivo, especialmente con el verbo ser: ¡Será estúpido!; y también para denotar sorpresa: ¡Te atreverás a contradecirme!

De cortesía. En ocasiones, y especialmente con el verbo decir, se usa también como verbo de cortesía, en vez del imperativo, lo que a veces puede no entender bien alguien poco acostumbrado a estos tratamientos: Usted me dirá.

Futuro histórico. Ya hemos visto que el uso literario de los verbos juega a veces con la cercanía de la acción respecto del lector. Se intenta introducir de lleno a quien lee en la historia que se cuenta, y para eso se mueven artificialmente los tiempos, forzando la realidad sin forzar la gramática. En esa técnica, se puede usar el tiempo gramatical de futuro para un tiempo real de pasado. Por ejemplo: Cervantes vivió unos sucesos muy tristes, y estuvo encarcelado. Pero después escribirá El Quijote y alcanzará la gloria.