martes, 20 de diciembre de 2016

Gramática para escritores V. El valor de los pronombres


En algunas gramáticas se habla de pronombres sustantivos (aquellos que por sí mismos o en el discurso desempeñan la función de un sustantivo) y pronombres adjetivos (aquellos determinativos que acompañan al nombre, bien actualizándolo, bien modificándolo). Así, este sería pronombre sustantivo en: Este no me gusta; y pronombre adjetivo en: Este pastel no me gusta. No es que esta manera de llamarlos sea difícil entenderla, pero a mí no me gusta por una razón: El pronombre es una clase de palabras cuyos elementos hacen las veces de sustantivo o sintagma nominal y que se emplean para referirse a las personas, los animales o las cosas sin nombrarlos. Por lo tanto, el pronombre sustituye al nombre, y fin.

¿Y para qué sirven los pronombres a un escritor? Pues son importantísimos, ya que sin ellos los sustantivos acabarían exhaustos de tanto ser usados y exhausto acabaría el lector.

¿Qué consigue un escritor con el empleo de los pronombres? Los pronombres simplifican y flexibilizan la expresión, evitando pesadas repeticiones. Orientan el punto de vista gramatical en un cuento o en una novela. El narrador en primera persona, que narra desde el yo o desde el nosotros/as, supone una mayor cercanía con el lector y un matiz escénico. El narrador en segunda persona, que narra desde el o el vosotros/as, representa al interlocutor y hace que el lector se sienta interpelado aun de forma solapada. El narrador en tercera persona, que narra desde él/ella o ellos/as, nos permite contar los hechos de modo más distanciado, como hace el omnisciente (característico de la novela del siglo xix), que conoce todo; o el objetivista, que solo conoce lo que ve, igual que una cámara de cine.

¿Cuáles son los pronombres? Estoy segura de que los conoces, pero vamos a nombrarlos antes de dar por finalizada esta entrada: personales (yo, tú, él, ella, nosotros, etc.), relativos (que, quien(es), el cual, cuyo, donde), interrogativos y exclamativos (quién, quiénes, qué, etc.), demostrativos (este, esta, estos, estas, esto, eso, aquello), indefinidos (algo, nada, alguien, nadie, uno, algún, alguna, algunos, etc.), numerales cardinales (dos, tres, etc.),  Como habrás comprobado, algunos de estos pronombres son en realidad determinativos que, al prescindir del sustantivo en el contexto, pasan a actuar como pronombres: Este chicho me dijo... / Este me dijo... («Este», así, sin tilde, ya hablaremos de esto...).

Confusión de los pronombres con los adjetivos. Salvo los adjetivos calificativos, los demás se suelen confundir con los pronombres. Por su parte, los pronombres personales son muy suyos, no tienen rasgos en común con los adjetivos. Pero hay una cuestión básica: el adjetivo es una escolta del sustantivo, lo acompaña; en cambio el pronombre se coloca en lugar del sustantivo y lo reemplaza.

Laísmo, loísmo y leísmo. Son tres usos impropios de varios complementos verbales del español. El laísmo ocurre cuando se usan los pronombres la y las para señalar el complemento indirecto femenino, ya que este se marca con le y les: Le di un beso, y no «La di un beso». El loísmo ocurre cuando se usan los pronombres lo y los  para señalar el complemento indirecto masculino, ya que este se marca con le y les: Le enseñé a contar, y no «Lo enseñé a contar». El leísmo ocurre cuando se usan erróneamente los pronombres le y les, en lugar de lo, los, la, los, para señalar el complemento directo: Esos libros no los tengo todavía, y no «Esos libros no les tengo todavía». Si te atascas con un verbo y no sabes si es transitivo (lo, los, la, las) o intransitivo (le, les), solo tienes que buscarlo en el diccionario, y si al principio de la definición del verbo está la abreviatura tr ya sabes que es transitivo. Ten en cuenta, sin embargo, que algunos verbos pueden actuar como transitivos o intransitivos según se la información: Ella sueña a menudo (sin complemento directo); Ella sueña sueños premonitorios (con complemento directo).