sábado, 3 de septiembre de 2016

Gramática para escritores II. Género versus sexo


El género gramatical es uno de los aspectos de la gramática de las lenguas con mayores implicaciones sociolingüísticas. Y los cambios acontecidos en el orden mundial en los últimos cuarenta años, a raíz de los movimientos feministas y de la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral, han determinado importantes modificaciones en lo referente al género de ciertas voces referidas a seres humanos. En este sentido, puede decirse que la Real Academia Española ha realizado un esfuerzo por adaptar la norma al uso efectivo que los hablantes hacen hoy de ciertos términos, especialmente de los relacionados con las profesiones.

Las palabras quedan indisociablemente ligadas al uso extralingüístico que de ellas hacen los hablantes, de manera que, si determinadas profesiones han quedado ligadas a un sexo u otro, es esperable que para designarlas se empleen palabras referidas a individuos hombres o mujeres. Si la norma social era que los encargados de impartir la justicia fuesen hombres, resulta lógico que la palabra para referirse a los profesionales de la judicatura fuese juez. Para que cuajase en la lengua la palabra jueza ha sido necesario un periodo de tiempo amplio, a lo largo del cual la incorporación de la mujer a esta profesión ha ido siendo cada vez más frecuente.

Esta situación crea vacilaciones relativas al uso de las palabras relacionadas con las profesiones: ¿las presidentas de los estados se han ganado un lugar en el diccionario?, ¿se puede decir médica siguiendo el modelo de médico?, ¿y qué decir de fiscalas? Para la primera pregunta, la respuesta es afirmativa, si bien hay que poner de relieve que en la acepción de ‘jefa del Estado’ se especifica que presidenta es un término femenino, mientras que el correspondiente masculino presidente se recoge en el drae como término común y, por lo tanto, válido para ambos géneros. En cambio, queda recogido en el drae y en el Diccionario panhispánico de dudas que no debe emplearse el masculino para referirse a una mujer médica, por lo que «la médico» es incorrecto. A su vez, fiscala, en la acepción de ‘mujer que ejerce el cargo de fiscal’, es una forma frecuente en América, pero no es España —lo cual no quiere decir que sea incorrecto usarla en España, solo que no es lo habitual—.

En esta búsqueda de paridad de sexos en el lenguaje se ha optado en ocasiones por construir series coordinadas con las que dar cabida a los dos sexos destinatarios de un texto, sea este una carta, un manifiesto o una convocatoria. A nadie le resultan ya extrañas fórmulas como Estimados amigos y amigas, simplificadas con frecuencia, de manera especial en las misivas, bajo la forma Estimados/-as amigos/-as. Sin embargo, se trata de fórmulas poco elegantes estilísticamente. Por otro lado, la diferenciación que introducen difícilmente puede mantenerse a lo largo de todo el texto en una lengua como el castellano, donde la oposición de género se extiende a los adjetivos y a las formas pronominales. Todo ello ha llevado a optar por formas epicenas (palabras válidas para ambos sexos, independientemente de que el género de estas palabras sea femenino o masculino). Así, cada vez es más usual leer Queridos/as colegas y expresiones análogas.

Asimismo, en el intento de simplificar las advocaciones a un receptor mixto se ha llegado al empleo de la @ (Querid@s amig@s), cuya forma recoge gráficamente una a que queda rodeada por un trazo que puede interpretarse como una o. Se trata, sin embargo, de soluciones ante las cuales la Academia se manifiesta disuasoriamente. Para la rae el masculino es el género no marcado y, como tal, apto para designar tanto a hombres como a mujeres. Solo en situaciones de ambigüedad se admitiría la repetición léxica con variación de género. Transcribo lo que dice la rae al respecto (http://www.rae.es/consultas/los-ciudadanos-y-las-ciudadanas-los-ninos-y-las-ninas):

Los ciudadanos y las ciudadanas, los niños y las niñas

Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto.

La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto: El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos.

El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones.

El género en el sustantivo

Uno de los rasgos más característicos del sustantivo es el de poseer género gramatical. No se deben confundir género y sexo. El género es un rasgo gramatical, mientras que el sexo es un rasgo biológico propio de algunos seres vivos. Género y sexo no siempre coinciden: existen sustantivos en los que el género es un rasgo gramatical inherente que no tiene reflejo en la realidad (la pared, el muro, el ordenador). Y existen seres que en la realidad presentan diferencias de sexo y se designan, en cambio, con un sustantivo sin variación de género (la ardilla macho, la ardilla hembra).

Los géneros del sustantivo, propiamente hablando, son exclusivamente el masculino y el femenino —no voy a explicarlos porque esto lo sabes de sobra—. Sin embargo, a veces se habla también de los géneros común, ambiguo y epiceno.

Sustantivos comunes en cuanto al género:

Se habla de sustantivos comunes en cuanto al género para designar aquellos sustantivos que carecen de género propio, pero necesitan diferenciar el sexo, lo que hacen mediante el artículo u otros determinativos: el/la estudiante, el/la poeta, el/la coleccionista, el/la presidente, el/la jefe. No obstante, algunos de estos sustantivos presentan excepciones, dado que tienen una forma también válida para el femenino: el jefe/la jefa, el presidente/la presidenta (es el escritor quien elige la forma que va a usar).

Sustantivos ambiguos en cuanto al género:

Algunos sustantivos no animados se dejan acompañar indistintamente por determinativos y adjetivos masculinos y femeninos sin diferencias gramaticales ni semánticas, aunque puedan darse diferencias de registro o estilo. Estos sustantivos se llaman ambiguos en cuanto al género (el/la mar, el/la acné, el/la maratón). A veces, la ambigüedad se produce en el uso del sustantivo en singular frente a su uso en plural (el arte dórico à las bellas artes).

Sustantivos epicenos:

Los sustantivos inherentemente masculinos o femeninos que designan personas o animales sin diferenciar el sexo se llaman epicenos (gorila, víbora, liebre, perdiz, cuervo, víctima). La gramática tradicional hablaba en estos casos de género epiceno, pero no se trata de un género, sino de un rasgo semántico de los sustantivos. Un sustantivo como víctima es de género femenino (la víctima), aunque posee el rasgo semántico de epiceno. Y no sabemos el sexo a no ser que nos lo digan. Por ejemplo: La víctima, un hombre de 30 años que paseaba por…

Algunos sustantivos como rehén, bebé o miembro (referido este a persona) son epicenos, pero también comunes en cuanto al género si se quiere marcar el sexo (un/una rehén, un/una bebé, un/una miembro).

Cómo conocer el género de los sustantivos

¿Cómo sabemos si un sustantivo es de género masculino o femenino, común o ambiguo en cuanto al género, o epiceno? Buscándolo en el diccionario, no queda otra, porque además con el uso de los hablantes la Academia va modificándolos. Por ejemplo: El Diccionario académico registraba —y aún registra— el sustantivo modista como común en cuanto al género: el/la modista; pero en la edición de 1992 recogió por primera vez el masculino modisto, por lo que podemos decir el modisto o el modista.

Los diccionarios suelen —¡ojo!, digo suelen— marcar con abreviaturas o con la palabra entera la información de género masculino y femenino (m., f.) o las de común y ambiguo (com., amb.), pero, en cambio, no suelen decir nada del rasgo epiceno, por no ser un rasgo gramatical. ¿Qué hacemos entonces para saber si le corresponde un determinativo masculino o femenino? Lo buscamos en el Diccionario y aparece marcado con m., si es masculino, o f., si es femenino. Pero a veces no aparece marcado —y por eso dije ¡ojo!—, como en el caso de maratón, que es ambiguo y  el Diccionario marca la abreviatura m. En caso de duda, recomiendo consultar el Panhispánico, allí podemos leer que se ha extendido el uso femenino y que también se considera válido. Deducimos, pues, que lo habitual —por el momento— es el maratón, pero que no hay ningún inconveniente en decir la maratón —llegar al final de esta entrada sí que ha sido todo/a un/a maratón/«maratona», ¿verdad?—.