domingo, 14 de mayo de 2017

Con vistas a tu interior y al mío


Llevo un tiempo  —mucho o poco, según se mire— valorando la (casi) imprudente idea de mudarnos a un pisito con vistas a tu interior y al mío. Sería tan sencilla la convivencia… Diríamos: ¿Qué te pasa, mi amor? Y tú, o yo, o los dos a la vez: Anda, ve y mira por la ventana. Sí, eso es lo que pienso a veces cuando por más palabras que decimos no alcanzamos a entendernos. Anda, ve y mira por la ventana. Asómate y verás lo fácil que fue enamorarse de tu cuerpo, allí arriba, sobresaliendo entre todos, yo te miraba y tú… tú no sabías que yo existía. Y por eso ahora las farolas me hacen la ola y los coches me guiñan cuando regreso de una noche contigo. Insistí día tras día vigorosamente y me aferré a tus dudas hasta que por fin sucediste. Paradojas de la vida, sucediste sin suceder, estabas sin estar, me amabas sin amarme. Y mientras yo te colmaba de poemas y construía castillos en el aire, tú me tirabas de los pies y taladrabas el asfalto clavándome junto a tus miedos. Fue entonces cuando quise que nos mudásemos a un pisito con vistas a tu interior y al mío, para que pudiésemos mirar por la ventana cuando quisiéramos. Así, sobrarían las palabras, bastaría con mirar cuerpo adentro para que se disiparan todas las dudas. Así, yo ya no olvidaría leer entre líneas tus no pero sí, y tú podrías leer mis me rindo pero no.

EmeCé Bernal, Con vistas a tu interior y al mío

domingo, 2 de abril de 2017

Anaïs Nin


«Cualquier forma de amor que encuentres, vívelo. Libre o no libre, casado o soltero, heterosexual u homosexual, son aspectos que varían de cada persona. Hay quienes son más expansivos, capaces de varios amores. No creo que exista una única respuesta para todo el mundo. La única anormalidad del ser es la incapacidad de amar».

Anaïs Nin

jueves, 26 de enero de 2017

La otra ciudad (Pablo Aranda)


«No podemos conocer la ciudad de una persona […]: las esquinas en las que, cuando era adolescente, se detuvo a mirar una ventana, los callejones que una tarde de lluvia cruzara abrazado a la persona amada, los edificios que miraron sus ojos infantiles. Solo es posible acceder […] a una ciudad que puede que no sea la verdadera, conoceremos unos sitios a los que nos llevará esa persona, pero será difícil saber por qué elige esos sitios, de qué huye, qué busca, con quién estuvo allí, con quién no. Qué saben de mí […], qué datos pueden obtener de mi forma de andar y de vestir […]. ¿Sabe alguno lo que pienso de verdad, lo que siento, lo que hago en mi casa, las inconmensurables proporciones de mi cama, por qué río, por qué lloro? ¿Sabe alguno […] por qué soy lo que soy, el por qué de estas ojeras?».
Pablo Aranda, La otra ciudad

miércoles, 4 de enero de 2017

Al oeste con la noche (Beryl Markham)


«Alguien con una leve tendencia al cinismo dijo una vez: "Vivimos sin aprender". Pero yo he aprendido ciertas cosas. He aprendido que si debes abandonar un lugar en el que has vivido y al que has amado y donde todos tus ayeres arraigaron, debes abandonarlo de la forma menos lenta, tienes que irte del modo más expeditivo que puedas. No vuelvas la vista atrás ni creas que las horas que recuerdas son mejores porque murieron. Los años pasados se antojan más seguros, dominados, en tanto que el futuro habita en una nube, fastuosa desde la distancia. La nube se despeja a medida que penetras en ella. Esto he aprendido, pero como todo el mundo, lo aprendí tarde».

Beryl Markham, Al oeste con la noche

jueves, 22 de diciembre de 2016

Ucrania (Pablo Aranda)


«Nos conformamos. Qué es la vida sino ir conformándose, qué la adaptación. Como los analistas de mercado, en cada situación emitimos unas ondas que estudian el terreno, las posibilidades, y a partir del mapa obtenido con las ondas de vuelta, sabemos qué nos está permitido y qué no. El problema, una de las mayores trampas de la naturaleza, aparece cuando ese gráfico nos muestra que lo deseado es incompatible con nuestras posibilidades. Yo reflexiono, elijo, decido, descarto, me desprendo, me quedo con una opción. Pero quizá esa elección es inaccesible, así lo interpretan las ondas, el estudio de mercado. Qué hacer entonces sino conformarme, emitir nuevas ondas, más cortas, menos densas, estudiar mapas a otra escala, menos dibujados, obviar accidentes geográficos. Eso, la vida es eso, un cálculo de itinerarios, de distancias que si son acertadas nos llevan a nosotros mismos. Trayectos que no contemplan líneas rectas. Qué mentira que la distancia más corta entre dos puntos sea la línea recta».
Pablo Aranda, Ucrania