lunes, 22 de mayo de 2017

Gramática





Gramática para escritores X. Formas no personales del verbo II: Participio


El infinitivo, el gerundio y el participio son las formas no personales del verbo. Se llaman no personales porque no expresan persona gramatical.

Las formas no personales pueden llevar complementos propios de los verbos y desempeñar funciones propias del sustantivo (infinitivo), del adjetivo (participio) y del adverbio (gerundio).

PARTICIPIO

Llamamos participio a esta forma no personal del verbo porque participa de dos ámbitos gramaticales: el verbo y el adjetivo. O sea, que el participio es otra de las formas que el verbo toma para funcionar como adjetivo sin perder su naturaleza verbal (ya lo vimos con el sustantivo y el verbo). Y como ya sabemos, los adjetivos pueden sustantivarse.

Participio pasado (escrito):

Los participios regulares de la primera conjugación terminan siempre en –ado (cantar / cantado); los de la segunda, en –ido (crecer / crecido); y los de la tercera, también en –ido (reír / reído). Los irregulares pueden acabar en -so (impreso), –to (cubierto) y -cho (hecho).

El participio pasado sirve para formar los tiempos compuestos, todos ellos en pasado (por eso se llama participio pasado): El piloto que has elegido no sabe pilotar.

Y casi siempre puede cumplir además una función de adjetivo, en ese caso debe concordar en género y número con el sustantivo al que acompaña y con el verbo: El piloto elegido no sabe pilotar / Los pilotos elegidos no saben pilotar. Y, como ya hemos dicho, los adjetivos se pueden sustantivar, y también debe concordar en género y número con el sujeto y con el verbo: Él es un elegido de los dioses pero no sabe pilotar.

Asimismo, el participio también concuerda en género y número con un sustantivo en la voz pasiva: Las cartas fueron repartidas por el cartero.

Los participios-adjetivos pueden incorporar, además, los sufijos superlativos, en tanto que tengan valor de adjetivos: construidísimo, cerradísimo, presentadísimo, elegidísimo, leidísimo; pero no todos alcanzan tal integración (no se suele decir «transcurridísimo», «escritísimo»…, aunque poder, se puede).

El participio pasado se llama así porque transmite la idea de una acción acabada, completa; en sentido gramatical, perfecta o perfectiva. También se denomina participio pasivo, por su necesaria participación en la voz pasiva: La cartas fueron repartidas por el cartero.

Hablemos, dentro del participio pasado, del participio absoluto. El participio absoluto es una construcción de un participio y un sustantivo, y expresa idea de tiempo o causa: acabada la esperanza. Como absoluto, puede hacer de sujeto: Muerto el perro, se acabó la rabia. Lo que hacemos en el participio absoluto es usar el participio como representante del gerundio compuesto de la voz pasiva pero con la elisión de los verbos auxiliares haber y ser: Oídas todas las partes, el juez dijo que no se acordaba de lo que le habían dicho. Es decir, el participio absoluto equivale a habiendo sido oídas, o también a una vez que habían sido oídas.

Por último, para los que aún me siguen corrigiendo cuando digo Ya he imprimido los temas que tengo que estudiarme para el examen, os aclaro que algunos verbos presentan dos participios: uno regular y otro irregular. Por ejemplo, freír, proveer e imprimir: he freído / he frito; he proveído / he provisto; he imprimido / he impreso. Así, pues, queridos amigos, he imprimido ­­­—aunque Word me lo acabe de corregir mientras escribo— es correctísimo. Al hilo de esto, a menudo los significados y las funciones de los dos participios de un mismo verbo son disparejos. Por ejemplo, impreso se aplica solo a estampaciones tipográficas, por lo que es correcto escribir He impreso el documento (y también he imprimido), pero no «He impreso en todos mi forma de actuar».

Participio presente (escribiente):

También participa este participio, el participio presente, de la doble condición de verbo y adjetivo. Incluso de la posibilidad de convertirse en sustantivo. Se le conoce igualmente como participio activo por su diferencia con el participio pasivo y porque siempre se vincula a un sujeto que promueve la acción.

El participio presente, para hacer honor a su denominación, acaba siempre en las letras –nte, a las que preceden la raíz verbal y una vocal de enlace. Así, del verbo evitar (primera conjugación) tenemos la raíz evit– y la desinencia –ar; pero en el participio presente necesitamos añadir el interfijo –a– a la raíz antes de unirla con la desinencia propia –nte: evit–a–nte (que evita). En las conjugaciones segunda y tercera, las vocales que han de añadirse en las formas regulares son las que constituyen el diptongo –ie– de cometer, cometiente; de latir, latiente (pero de decir, dicente, porque no es regular).

El participio presente, a diferencia del participio pasado, no refleja una acción terminada sino una acción en transcurso: La persona presentante de documento deberá hacerlo por triplicado, con sello oficial y papel timbrado, y con letras góticas. En ese ejemplo, presentante se puede sustituir por que presenta (la persona que presenta). Por eso se llama participio presente —pero no porque presente el documento, claro, sino porque está en presente—.

Ahora bien, ¿hasta que punto se trata de un verbo…? ¿No es más bien un sustantivo o un adjetivo? Sí… y no. Muchos participios presentes se han sustantivado: el dependiente, el presidente, el cantante, el asistente, el sirviente… Hasta el punto de que algunos admiten variación de género: la dependienta, la presidenta, la sirvienta… Pero su lexicalización como nombres o adjetivos (es decir, su fosilización, su cristalización… su consolidación como palabras con significado propio) depende por lo general de si son poco o muy usados por los hablantes —participio presente del verbo hablar—. Véase cómo el participio presente del verbo presentar suena poco común («el presentante del documento»), pese a resultar legítima su formación en español; y sin embargo la adición de un prefijo lo convierte en sustantivo de uso muy frecuente: El representante del pueblo.

No es necesario que un participio presente figure en el diccionario para que se considere correcto. Si está bien construido morfológicamente, puede usarse y desarrollarse: cabreante no está en el léxico de la Academia, y sin embargo forma parte del sistema lógico de la lengua. No está en el léxico pero está en la lógica.

domingo, 14 de mayo de 2017

Con vistas a tu interior y al mío


Llevo un tiempo  —mucho o poco, según se mire— valorando la (casi) imprudente idea de mudarnos a un pisito con vistas a tu interior y al mío. Sería tan sencilla la convivencia… Diríamos: ¿Qué te pasa, mi amor? Y tú, o yo, o los dos a la vez: Anda, ve y mira por la ventana. Sí, eso es lo que pienso a veces cuando por más palabras que decimos no alcanzamos a entendernos. Anda, ve y mira por la ventana. Asómate y verás lo fácil que fue enamorarse de tu cuerpo, allí arriba, sobresaliendo entre todos, yo te miraba y tú… tú no sabías que yo existía. Y por eso ahora las farolas me hacen la ola y los coches me guiñan cuando regreso de una noche contigo. Insistí día tras día vigorosamente y me aferré a tus dudas hasta que por fin sucediste. Paradojas de la vida, sucediste sin suceder, estabas sin estar, me amabas sin amarme. Y mientras yo te colmaba de poemas y construía castillos en el aire, tú me tirabas de los pies y taladrabas el asfalto clavándome junto a tus miedos. Fue entonces cuando quise que nos mudásemos a un pisito con vistas a tu interior y al mío, para que pudiésemos mirar por la ventana cuando quisiéramos. Así, sobrarían las palabras, bastaría con mirar cuerpo adentro para que se disiparan todas las dudas. Así, yo ya no olvidaría leer entre líneas tus no pero sí, y tú podrías leer mis me rindo pero no.

EmeCé Bernal, Con vistas a tu interior y al mío

domingo, 2 de abril de 2017

Anaïs Nin


«Cualquier forma de amor que encuentres, vívelo. Libre o no libre, casado o soltero, heterosexual u homosexual, son aspectos que varían de cada persona. Hay quienes son más expansivos, capaces de varios amores. No creo que exista una única respuesta para todo el mundo. La única anormalidad del ser es la incapacidad de amar».

Anaïs Nin

miércoles, 1 de marzo de 2017

Gramática para escritores IX. Formas no personales del verbo I: Infinitivo



El infinitivo, el gerundio y el participio son las formas no personales del verbo. Se llaman no personales porque no expresan persona gramatical.

Las formas no personales pueden llevar complementos propios de los verbos y desempeñar funciones propias del sustantivo (infinitivo), del adjetivo (participio) y del adverbio (gerundio).

INFINITVIO

Es la forma que el verbo puede adoptar para funcionar como sustantivo sin dejar de ser verbo. Y, como el sustantivo, puede llevar determinativo. En El triste escapar de los mentirosos, escapar actúa como sustantivo sin dejar de ser verbo.
                                                                                                  
Como sustantivo (y aquí sí deja de ser verbo), admite el género masculino a través del artículo y presenta variación de número: el pasar / los pasares.

Infinitivo simple (escribir):

El infinitivo simple sirve para mencionar a los verbos. Así, decimos «el verbo ir», por ejemplo. Ello se debe a que el infinitivo es la forma sustantivada de los verbos (y que mejor forma de nombrarlos que con un nombre). Podemos decir: El frotar se va a acabar; Contaminar está prohibido en este río. Por tanto, los infinitivos siempre terminan en –ar, -er o –ir. Todo lo que va por delante de esa desinencia es la raíz del verbo.

Para saber si un infinitivo está cumpliendo la función de nombre, basta con ponerle delante un artículo o un demostrativo, o cualquier otro determinativo. Si funciona bien la oración así, si no se atasca y empieza a hacer ruidos extraños o a soltar gasolina, estamos ante un infinitivo disfrazado de nombre. Y tanto se disfraza a veces, y tantas veces disfrazado se usa, que el genio del idioma lo adopta como tal y hasta le dota de número plural si lo necesita: El saber no ocupa lugar; Los saberes del hombre son ilimitados; Estoy triste por culpa de un querer; Estos quereres de Jaime son peligrosos.

Infinitivo compuesto (haber escrito):

Es un infinitivo postizo, porque no se trata propiamente de una forma propia de cada verbo, sino de una forma genérica (haber) a la que en realidad acompaña el participio particular. Por tanto, podemos definirlo como un participio del verbo significador que se une a un auxiliar polivalente. Pero se usa y de alguna manera hay que registrarlo en cada verbo. Como todos los compuestos, da idea de acción completada: haber escrito.

El infinitivo compuesto se emplea siempre con idea de anterioridad a otra acción: Es necesario haber escrito algún libro para que le llamen a uno escritor. La idea se parece pero no es igual que si se usa el infinitivo simple: Es necesario escribir algún libro para que le llamen a uno escritor. En ese caso no se da la acción por terminada. Quien use la primera frase quiere decir que para recibir la consideración de escritor hace falta terminar un libro. Quien use la segunda creerá que solo se precisa empezarlo (o al menos tenerlo algo avanzado, pero no es necesario que esté acabado).

El infinitivo compuesto (o infinitivo de pasado) se usa también con valor regañón (es lo que en la entrada anterior denominamos «imperativo de pasado»).

No me dejaron subir al tren porque no tenía billete.
—Pues habértelo comprado.

Para terminar con el infinitivo, igual que sucede con el infinitivo simple, el infinitivo compuesto puede usarse como sustantivo: El haber comido mucho cinco minutos antes de la carrera explica que te hayas clasificado el último.